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LAS VASIJAS DE LA ABUELA
Category: Cuento infantil
Tags: LAS VASIJAS DE LA ABUELA

 

PINTURA DE TEO REBILLA BRAVO

LAS VASIJAS DE LA ABUELA

Se encontraba la abuela con sus nietos contándoles historias. A ella le gustaba sentarse así, rodeada, en el jardín, bajo la sombra de un frondoso árbol. Ahí los pequeñines, al verla, corrían a su encuentro ya que disfrutaban mucho con las aventuras que con gran entusiasmo le relataba. 

Pedrito, el mayor de los hermanos, era un gran soñador y ansiaba escucharla. Pero ese día la abuelita les dijo que no podía platicar con ellos, ya que se encontraba haciendo las labores del jardín. Los niños le dijeron que si le podrían ayudar para que terminara más rápido y así poder sentarse con ellos un rato para que les narrase historias.

Conmovida por su insistencia, comenzó  relatándoles algo que le sucedió cuando era niña como ahora lo eran ellos.  Los situó en un día en que había nevado mucho y la nieve había tapeado la vivienda donde vivían y cómo tuvieron que cavar, ayudados por los vecinos, abriendo una abertura para poder salir de la casa.  Como en esa época no había TV, tenían que  buscar otra forma de divertirse: hacerse bromas entre primos -que llegaban de la ciudad-, haciéndoles caminar  por los lugares donde normalmente había huecos pero que en ese momento estaban cubiertos por la nieve, y cómo que éstos,  al caminar, se hundían  una y otra vez con gran estrépito de risas; también jugaban a hacer bolitas con la nieve para luego lanzarlas entre sí, y otros juegos parecidos. 

¡Los nietos se empezaban a reír, divertidos, con estos relatos de su abuelita! Mientras, ella les continuaba diciendo que, el problema de entonces, era recoger el agua del pozo que se encontraba en el medio del jardín, y,  como era invierno, el agua estaba demasiado fría para usarla, teniendo que calentarla al leño, para poder darle su uso. El agua se recolectaba dentro de  unas vasijas que se depositaban en la casa para los diversos menesteres. Les quiso mostrar a los niños las que se utilizaban en aquella época, señalándoles  unos recipientes que se encontraban delante de sus ojos, al lado de la jardinera. Quedaron sorprendidos al saber que todavía quedaba algo de la infancia de su abuelita y le preguntaron:

- abuelita, tu también fuiste niña como nosotros y cómo has cambiado… ¡Todavía guardas cosas de tu niñez, es sorprendente!

-Bueno, mis adorados niños, hacéis muchas preguntas. Sí, fui niña como los son ustedes ahora ya que es parte de la rueda de la vida como el  envejecer…. Como veis, nosotros, a nuestra manera, también jugábamos.

Y les continuó diciendo:

-Ya a ustedes les llegará el momento que se casarán, tendrán hijos, y hasta  nietos como yo los tengo ahora….  Les quiero mucho.

Los niños abrazaron a su abuelita con mucho cariño, insistiéndole para que les siguiera contando más cosas.

-Ay,  mis traviesos nietecitos, les diré algo, pero breve.

Fue una  navidad. Entonces mis padres acostumbraban dejar comida en la noche buena, para que cuando viniera el niño Dios pudiera servirse. Pero cierta noche buena, cuando todos estaban durmiendo,  la niña se paró de madrugada y  fue a coger algo de lo que estaba en la mesa, comiéndolo yéndose luego a dormir. A la mañana siguiente, sus padres creyeron que en verdad  les había visitado el niño Dios esa  noche. Ella se guardo celosamente el secreto por miedo a la reprimenda.

-¡Abuelita, si que eras traviesa cuando pequeña!

-Así es, mis nietecitos. Todo formaba parte de la inocencia. Tenía hambre, y como todos dormían y no quería despertarlos y no sabía que creían en todas esas supersticiones...

-Cuéntanos más –le dicen los niños.

-Mis adorados niños, debo terminar ahora con mi labor y recoger el agua del pozo para poder colocarlo en las viejas vasijas, ya sabéis que son un recuerdo agradable de mi niñez.

Ellos siguieron con la insistencia, diciéndole:

---- Permítanos ayudarle. Así terminarás más pronto y podrás seguir contándonos estas historias que tanto nos gustan.

-Está bien. Pero tengan cuidado de no romper las vasijas.

-Abuela ¿por qué son tan especiales para ti,  si son viejas?

Mientras hacían las labores, les fue contando que esas vasijas las había torneado su padre; que en realidad eran cinco, pero que ella, por un descuido, resbaló  mientras transportaba  una llena de agua, no percatándose de que había una delante de sus pies. Así que, al tropezar, cayó encima de de ella destrozándola sobre el piso. En realidad rompió dos vasijas ya que también se le cayó la que transportaba, quedando  esas tres, que celosamente  guardaba con mucho cuidado. Así que les invitó a que tuvieran cuidado y evitasen que fueran a romperse, tanto apreciaba la abuela aquellas ánforas antiguas.

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IVEN MARINO MESINA

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